Love all, serve all

Llevo tres semanas en una ciudad llamada Ahmedabad, al oeste de India. Llegue a este lugar porque me enamoré de la misión de una organización que se llama Manav Sadhna (que significa Human Practice). Como en el resto de los lugares de este ANDAR, no tenía expectativas antes de llegar, pero sabía que pasaría mucho tiempo con personas de las comunas más pobres de la ciudad.
Manav Sadhna es una organización difícil de describir y de entender con nuestra mentalidad occidental. Llevan más de 20 años sembrando semillas de amor y de servicio en Ahmedabad y otras ciudades. No tienen registrado exactamente cuál es su impacto, pues viven y trabajan bajo el lema “love all, serve all”. Al principio, en mi inducción, me pareció muy extraño que no tuvieran una “misión y visión” metas concretas, objetivos anuales, etc., pues es lo que estamos acostumbrados a ver y con lo que nos medimos, pero después de vivir desde adentro su trabajo, estoy empezando a entender.
Esta organización no está sola. En Ahmedabad hay toda una comunidad de gente decidida a hacer el bien sin esperar ningún resultado ni compensación. Por ejemplo, la gente recibe a desconocidos en sus casas para ofrecer espacios de meditación, mantras, reflexiones y siempre hay comida gratis para todos. Hay restaurantes donde cualquiera va de voluntario (yo fui a lavar platos) y en lugar de tener precios, los que quieran pagar dan lo que puedan para los alimentos del día siguiente, pues alguien ya pagó por su comida el día anterior. También hay gente que va a los hospitales a entretener a los niños con cáncer y un centro de sanitarios donde le pagan a la gente por usarlos.
Llegue a Manav Sadhna en el momento en que los niños están regresando de las vacaciones y el verano todavía no se acaba. Estas semanas he estado dedicando mis días a los niños de una comuna donde la mayoría de los hombres se la pasan durmiendo o tomando y las mujeres trabajan para mantener a la familia. No he visto la primera caneca, pero sí basura en todas partes y la gente cocinando prácticamente en los callejones, al lado de cabras y vacas que rumian por todas partes.
Pero a pesar de la pobreza, cada vez que entro a la comunidad la gente me recibe con una sonrisa. Los niños que ya me conocen me saludan “Didi, Didi" (una forma de respeto que usan con las profesoras) y vienen a darme la mano. Más allá del saludo, ellos no hablan inglés ni yo guyarati, pero nos entendemos: me saludan con canciones que yo les he enseñado, se despiden con un juego de manos y en el medio me cantan canciones locales para que yo baile a su son. Me piden que me siente a su lado, me sonríen constantemente, copian mis movimientos y mis palabras. En una palabra, me dan mucho amor.
Esta comunidad en la que estoy trabajando es una de las más retadoras. La presencia de Manav Sadhna es relativamente nueva y las condiciones son muy difíciles. Pero estoy absolutamente segura que las semillas que se están sembrando en los niños lentamente transforman a sus familias y que se verán reflejadas en una nueva generación. Esto se ve claramente en otro de los centros, en donde musulmanes e hindúes conviven en paz y el ambiente es absolutamente amigable. A medida que la comunidad lo permite, nuevas formas de trabajo se van implementando: desarrollo de habilidades para trabajar, empoderamiento de mujeres, sensibilización de hombres frente a las mujeres, centros de reciclaje y guarderías, son algunos de los proyectos constantes que desarrollan los centros comunitarios, los cuales se complementan con actividades los sábados y celebraciones de días especiales, entre otros. En todas se ofrece alimentación gratis para los asistentes y los voluntarios de turno participan felices, aportando ideas, sirviendo comida, jugando, bailando, etc.
En fin, aunque el calor me ha dado duro y a veces siento que hasta el cerebro se me va a cocinar, he gozado cada segundo este, mi último destino de la India. Como ya es costumbre, cuando creo que tengo todo resuelto y algo de claridad, llego a un nuevo lugar que me revuelve todo y me confunde. Pero bueno, asumo que se eso se trata: de cuestionarme, de escarbar, de sentir, de encontrar. En el próximo escrito les comparto las reflexiones que me ha dejado este gran descubrimiento, pues todavía estoy procesando y además ya empecé a tener nostalgia anticipada mezclada con ansiedad, pues se acerca el fin de este andar y mi corazón ya está soñando con regresar.






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